Llegó
se presentó de improvisto
y arrasó todo a su paso.
En volandas me transportó
al cielo,
al infierno,
vuelta al cielo
y vuelta al infierno...
Pasión abrasadora
hielo homicida,
consumió todo de mí
dejando apenas
esta cáscara vacía.
El padre Cronos
continúa imperturbable
su misión:
ordena a las manecillas girar
y a los días sucederse.
En su infinita sabiduría
asevera mi cura.
Doble dosis de caricias
unas gotitas de besos
un pote entero de paciencia
y puesto a macerar
en sincera comprensión
obrarán maravillas,
asegura sonriendo.
No mañana,
ni tal vez pasado,
ni siquiera
con la próxima luna,
pero antes que dé cuenta
volveré a sonreír al mundo
y aquellas heridas tan incurables
habrán cicatrizado.

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