no como obsesión
sino como disfrute.
Sentir aún
tu perfume en mi almohada
me acerca a vos,
te trae nuevamente,
revive los besos
que dejaste dormidos en mi cuello.
Acaricias suavemente mi corazón
y, sin saberlo,
vas cerrando heridas;
poco a poco
lo sacas de su refugio
donde lo escondí
para que nada le llegara
ni siquiera el amor.
Ignoro el desenlace de este cuento
estamos en plena redacción
y eso también lo disfruto.
El canto al paladar
-cena, vino, chocolate-
es uno de mis favoritos
pero el siguiente,
al que llamamos pasión,
lo supera
me ha dejado exhausta
y hambrienta de vos.
Prosa sencilla
decorada con detalles exquisitos:
tu presteza en un arreglo doméstico
que a mi me había desbordado,
tus mimos acompañando
tareas culinarias,
cómo alababas mi modesto plato,
cómo te confundió Benedetti,
cómo me protegías
del frío o de una caricia un tanto ruda,
inundaron de ternura mi alma.
Broche de oro
tus manos en mi pelo
tus besos recorriendo mi cuerpo
las veces que me llevaste al cielo
y me trajiste despacito
para acurrucarme en tu pecho
y fundirnos en un abrazo
en el que nuestros corazones
llegaron a tocarse.
Si el relato termina aquí
habrá sido precioso
y si podemos continuar
con su escritura
¡será mas hermoso aun!
11/06/12

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