Amor estacional

El verano moría 
cuando nuestros caminos se cruzaron 
y en su réquiem nos regaló 
el milagro de coincidir. 


Ámbares y cores cubrían los árboles; 
al desprenderse de su vestimenta 
arrastraban consigo 
andrajos de mi inútil 
armadura y me acercaban a ti. 


Noches cada vez más largas 
invitaban al amor. 
Desencuentros y decepciones 
causaron la tormenta de nieve 
que congeló nuestros corazones. 
Hibernamos 
encerrados en nuestra propia cueva. 


La naturaleza resucita, 
los témpanos se derriten. 
Un nuevo cruce 
pone fin al letargo. 
La pasión, renovada, 
se alimenta de ti; 
hace crecer este amor 
que jamás disminuyó ni un ápice, 
que jamás murió 
porque siempre vivió en tu corazón. 


Vida cíclica, 
signos estivales en el aire 
anuncian otro giro. 
¿Qué nos deparará el verano? 
Un sólo deseo tengo: 
que este amor que sentimos 
dé mil giros más, 
sea eterno.

Noviembre - 2011


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